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18/1/11

A la rica teta de monja


La vida puede resumirse en necesidades básicas y antojos. Como podreís imaginar, la pastelería se incluye, pase lo que pase, tenga el azúcar que tenga, en la primera categoría. Mucho más, si está recién hecha. Aunque tenga debilidad por los croissants (un día os hablaré de ello), hoy vengo a aquí a hablaros de otra cosa más española. Las tetas de novicia, osea de monja. De una textura insuperable, de una pureza cautivadora, me gustaron mucho. El día menos pensado me pongo a fabricarlas.

El ser humano es sorprendente. Y si es castellano, de raices católicas y publicista frustrado, llegará lejos. La prueba irrefutable es la imagen que ven ustedes ahí arriba. Seguramente, el pastelero podría haberse conformado con anunciar las tetas de monja. Pero quiso ir más allá. Quiso homenajear a los frailes, un religioso injustamente relegado al puesto de secundario (malditas élites). Asique se puso a hacer pelotas de fraile. Porque es bien sabido que para homenajear bien, con tino, hay que apuntar a lo más íntimo.
De todas formas, el señor que ha escrito este mensaje tiene bastante que envidiar de otros artesanos del pan de la bendita geografía española. De momento, y hasta nuevas creaciones, el dulce que ocupa el primer lugar del ránking de "Nombres santos para bocados divinos" son los pedos de monja, a muy poca distancia del cabello de ángel. Eso es así y no admite discusión.

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Notas al margen: Perdonad el cambio de registro, sin duda brusco. Es esta maldita manía de escribir, mezclada con tontería agudizada más allá de medianoche.

22/12/10

Cacahuetes y burkas

En el filo de la madrugada traigo dos recomendaciones en forma de vídeo. Dos historias con las que me he topado mientras navegaba por el paraíso (sí, sí, paraíso) de los periódicos internacionales. Tras todo este tiempo en la sección de Internacional, extraigo un par de conductas habituales: tengo predilección, en este orden, por todo lo que viene de Francia -mi año en París dejó su huella-, por el desconocido continente africano -que pase lo que pase nunca tendrá el espacio que se merece en los medios-, y por las historias completa e irremediablemente absurdas -sin comentarios-.

Las dos historietillas tienen cabida en los últimos dos comportamientos.

1. Un pequeño hospital de Zimbabwe ofrece servicios médicos a cambio de ...¡cacahuetes! Sí sí, el empobrecimiento del país explica que la inmensa mayoría de los habitantes ni tengan ni conozcan el tacto del dinero. Por eso, ofrecen cacahuetes a cambio de medicinas o una cama en el hospital. El resultado: la antigua capilla del hospital es un paraíso para cualquier elefante y el menú de hospital tiene un sabor a...exacto, cacahuetes. Os recomiendo que veaís el vídeo porque más allá de la curiosidad, es revelador del ingenio del ser humano para sobrevivir en medio del más absoluto abandono.


2. Esta os va a encantar. Resulta que un cantante paquistaní con mucha chispa ha creado una auténtica maravilla: una versión de la famosísima 'Pretty Woman' cambiando a Julia Roberts por una mujer con burka. La letra dice así: "Burka woman, in your black sheet," "Burka woman, with your sexy feet, "Burka woman my love for you it grows, every time I see your toes". ¿Provocación? ¿Ofensa? ¿Reinterpretación del American style of life? ¿Será el apuesto Richard Gere el salvador de la mujer en los países árabes? Está bien, paro de plantearme cosas trascendentales. Ahí va el vídeo.


7/5/10

Velos y Desvelos

Érase una vez una chica de 16 años llamada Nawja. Nunca había aparecido en los periódicos, ni en las televisiones, ni en boca de todos. Pero, un día, un pañuelo sobre su cabeza, le abrió las puertas de la fama.

En el colegio público al que acudía, existía una norma que decía así: “en el interior del edificio no se permitirá el uso de gorras ni de ninguna otra prenda que cubra la cabeza”.

Es muy probable que, antes de Nawja, otros muchos adolescentes con brotes de rebeldía hayan acudido a esas mismas aulas con gorros en la cabeza y tras un “Quítate eso”, problema resuelto. Quizá incluso haya ocurrido que algún niño enfermo de cáncer y sufriendo las consecuencias de la quimioterapia, haya entrado en clase cubriéndose la cabeza con un pañuelo. Pero el dedo acusador sólo apunta al hiyab. Y aun así, desde este colegio de Pozuelo se apresuran en decir que aquí no entran cuestiones de religión ni de cultura.

Una vez encendida la mecha, la explosión es inminente. Los medios de comunicación se suben al tren de la polémica y se visten de palabras vacías, intoxicadas.  Luego, ese tren va perdiendo velocidad y llega el silencio. Ahora que en las portadas se vuelve a hablar de Grecia e Inglaterra, hay que decir algunas cosas sobre todo este asunto del hiyab.

España no es un estado laico (que separa Estado e Iglesia y que, entre otras cosas, no permite símbolos religiosos en el espacio público), ni laicista (el Estado rechaza todas las religiones). Es un estado aconfesional, y esto implica que, aunque ninguna confesión tiene carácter estatal, los poderes públicos deben tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española. No lo digo yo, lo dice la Constitución Española, que también recuerda que existen acuerdos de colaboración con todas las confesiones religiosas y, en concreto, con la Iglesia Católica. De manera que los intentos de eliminar cualquier símbolo religioso de espacios públicos deberán sortear ciertos obstáculos en el plano legal; por no hablar del sociológico ya que este país, acuda o no a misa, se declara, en su mayoría, católico (Barómetro del CIS de 2008: el 72% de los encuestados se declaró católico)

Numerosas voces claman estos días contra el velo islámico repitiendo que es éste el símbolo de la discriminación de la mujer en el Islam. Si la discriminación de la mujer en el Islam sólo se manifestara en el velo, ello sería  más bien motivo de alegría y no de enfado. ¿De verdad alguien se cree que si se prohibe el velo se acaba para siempre con la discriminación?

Además, detrás de discursos que pretenden ser odas a la tolerancia, se esconde un absoluto desconocimiento de una frase tan cierta como simple: “En todas partes cuecen habas”. ¿Qué quiero decir? Pues que la discriminación de la mujer es el lastre de la inmensa mayoría de las religiones del mundo. Sin ir más lejos, dice el Génesis “3:16 A la mujer le dijo: "Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará”.

No sé cual es la solución al problema, ni cuanto de utópico tiene el deseo de construir una sociedad multicultural en la que se respeten todas las religiones y creencias. Pero si creo en la libertad por encima de la prohibición. Cualquier manifestación de una religión, creencia o ideología que no atente contra los derechos fundamentales del resto de las personas debería estar permitida.

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Aquí, unas palabras de Manuel Vicent sobre este tema. Muy acertado, como siempre

"Es inenarrable la cantidad de cosas que se ha puesto la gente en la cabeza desde el inicio de la historia. Algo muy extraño debe de esconder el cerebro cuando existe el instinto de cubrirlo o de prolongarlo con toda clase de prendas y cachivaches, cada uno con un significado: el velo, la mantilla, la gorra de plato, el solideo, el kipá, la tiara, la toca, el sombrero borsalino de Al Capone, el casco, el gorro de cocinero, el bonete, el turbante, la corona imperial o la boina capona"