Roba un trozo de mar abierto,
vete,
compra el sabor de los besos calientes.
El camino está lleno de estatuas de sal devoradas por buitres
que nunca echan a volar.
Vete
Sigue las huellas de los valientes que pierden siempre.
Vete ya, no hay tiempo.
El tren te llevará hasta el precipicio del instante en que comprendemos la muerte.
Y entonces, cuando se cierren las heridas y vuelvas a respirar a mediodía,
escribe.
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| William Klein |
