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4/9/13

Este verano he aprendido


A conducir una bici en línea recta 
A descorchar botellas de champán en medio del campo.
A correr sin perder el aliento.
A quererte desde el primer párpado abierto.
A tocarte por dentro.
A saltar de concierto en concierto
A disimular mis manías –esto es bueno-
A callar los reproches –no tanto, esto-
A emocionarme cuando suena la orquesta.
A escribir antes de medianoche
A interpretar silencios.
A imaginar perfectos.



Que las niñas bonitas sí pagan dinero, lo dijo el banquero.
Que la edad se mide en los segundos y metros que separan las pisadas.
Que en Menorca la pomada lleva ginebra y limón.
Que en Berlín hay gente que vive en los parques y en las nubes.
Que en Portugal al presunto (ladrón) se lo comen. Ojalá...
Que amar es paciencia, concentración y disciplina. Y reír, aunque no te apetezca.
Que la soledad es más aterradora que la muerte.
Que todos los caminos llevan a broma. (Perdonad).
Que la máxima especialización es la mínima garantía.
Que no es lo mismo creer que tener fe.
Que el orden de tus besos me altera.
Que el mejor lugar para hacer el amor es cualquiera.
Que la mejor música para hacer el amor es ninguna.
Que todo el mundo desconfía pero nadie pregunta. 
Que la indiferencia es, a la vez, antídoto y veneno.
Que ahora que la economía va despacio, vamos a contar mentiras.
Que el barco naufraga y no basta con nadar si nadie ha visto tierra
Que, a pesar de todo, hay que vivir más y pensar menos. 

25/2/12

Hay que brindar más

Pulso con el dedo índice la bendita (infecta de bacterias) tecla del enter y, en los segundos que tarda en cargarse el radiopatio de la actualidad, contengo el aliento y rezo al dios del frigorífico (libertad religiosa, ¡chitón!)-Hoy no, por Dios, hoy no- pero, malheur, allí están otra vez. El olor fétido de la corrupción, los millones de parados, los políticos vomitando sandeces, los jueces de Bruselas castigándonos contra la pared, Atenas ardiendo en silencio, los desconsolados niños sin mi pupitre nooo, la policía aporreando a jóvenes que blanden libros como espadas, los casposos salivando, las deudas a punto de nieve para el apocalipsis.  La desgraciada, malnacida crisis. Yo resoplo, maldigo al dios del frigorífico que no me da más que yogures y disgustos, musito un ay señor y sigo, haciendo. 

Y como estoy tan harta, busco y recuerdo cosas que hagan que todo este desastre lo sea menos. Como dijo Nacho Vegas, alzo mi copa hacia el cielo en un brindis por el hombre de hoy y por lo bien que habita el mundo. Amigos, hay que brindar más.  

Por los ataques de risa de detonante inexplicable que acaban con alguien quedándose sin aire. Por los niños que aprenden a andar con la concentración de un escalador pero se caen de culo cada tres pasos. Por los dibujos de sirenas y de árboles con casas dentro, por los papelitos voladores que contenían secretos políticos y por los que una amiga doblaba haciendo  grullas (las ranas estaban muy vistas), por los emails bíblicos de Liverpool a Madrid, por las  cartas que mi padre me escribía cuando me iba un mes a aprender inglés (aunque aprendía a robar pares de calcetines de South Park porque lo hacía todo el mundo). 


Por los cuentos de naufragios y pastoras con rebaño que decidían cambiar de sexo que escribía con 10 años. Por la cara de susto que se nos quedó a mi hermana y a mí cuando descubrimos que los pollitos rosas que habíamos comprado en el mercado de Villacañas desteñían al cabo de los días. Por las veces que mi abuela dice ¡Si yo no digo nada! después de haber criticado a media familia. Por la expresión de mi otra abuela, ¡Anda la osa negra!, como quien dice, ¡Anda mi madre! Por aquel chiste que nos contaba de unas monjas con serios problemas de incontinencia. Y por el otro chiste de una niña que se llamaba Nocruces y acababa atropellada. Y nosotros, muertos de la risa.

Porque después del calimocho vino el vino y bienvenido sea. Porque a veces bebimos hasta perder el control. Por los planes para cambiar el mundo, tan sólidos como una catedral hecha con una baraja. Por la tarta de manzana y la tortilla de patatas de mi madre. Por las    veces que se pone tan manchega que a su lado Jose Mota es un piltrafilla. Y por cómo se esconde debajo de la manta cuando tiene frío, como un animalillo asustado. Por los gritos de mi hermana cuando le hago cosquillas detrás de las orejas. Por las veces que me pide que le acaricie el pelo hasta que se queda dormida. Porque las dos arrugamos la nariz con el mismo gesto. Por los libros con los que aprendí a soñar y por cómics que leí solo por acercarme un poco a tí. Por los chicos que juegan a las palas en el Sardinero: menos Nadal y más aficionados con el torso sudoroso. Por descubrirte mirándome, por tus ojos medio cerrados un segundo antes del orgasmo. Por los besos tan largos que nos dejaban los labios rojos. Por los besos que he imaginado mil veces. 

Por Misterioso Asesinato en Manhattan, Con Faldas y a lo loco, los Hermanos Marx y  hasta los momentos inconfensables en los que de la vergüenza ajena pasamos a la risa disparatada con Quién quiere casarse por mi hijo (club de fans para los gódicos ya). Por la música de Desayuno con Diamantes, por Robert de Niro, por Hey Jude, por la canción de la Feria del Este, y cómo no ,por el ababaaa bababaraaaan. Por las canciones que me gustaron desde la primera vez, por las que oí por tí, por las que aprendí a escuchar con el tiempo, por las que me ponen la piel de gallina.

Por aquel día que nos perdimos por las calles de Granada siguiendo a unos gallegos. Por las   playas italianas que aparecen después de deshidratarnos. Por aquel hotel de Atenas en el que el dueño nos recomendó, muy serio, regarnos con la manguera. Porque lo acabamos haciendo.Por aquella vez que hiciste 200 fotos a una sola puesta de sol y tenías razón, todas   eran diferentes. Por la habitación en Londres que nos alquiló un búlgaro que repetía a gritos But where is the wardrobe? Por las carreras en calles desiertas con veinte kilos en la espalda y por la vez que andamos en un precipicio sobre el mar. Por las zanahorias que sacabais en cada tren para matar el hambre (sin conseguirlo, claro). Por todos los viajes que nos quedan por hacer. Por vosotros y los que vendrán. Por el futuro aunque esté jodido. Por el amor que está a punto de llegar. Por los bostezos que se contagian y porque, como dijo el maestro, disfruta del día hasta que un imbécil te lo arruine. 



17/5/10

Mis 10 canciones (y una más)

La verdad es que no soy muy de hacer listas, y en cuanto a música, tengo una tendencia enfermiza a saltar de canción en canción intentando descubrir una que me sorprenda. Qué exigente, direis. Más bien impaciente y un poco rarita. El caso es que me he decidido a hacer mi propia lista de las 10 grandes canciones de mi vida (o más bien, de mis 24 años, no quisiera dar a entender que planeo morir retirarme del mundo hoy mismo).

Antes de que subaís el volumen, algunas advertencias: para empezar, son 11y no 10 por la misma razón que alargo cinco minutos el despertador cada mañana; para seguir, es una lista que mezcla sin criterio canciones recientes y ancianas; y para terminar, algunos ya sabeis de mi carácter un poco nostálgico con brotes de melancolía ....Pero enfin, sea como fuere, a mí me parece que son 11 temazos. Ahí van

1) The Beach Boys - Barbara Ann
Hace 10 años decidí instaurar una bonita costumbre en mi casa. Consistía en recibir a mis amigas (el número 2 de Cartagena siempre ha estado muy animado) deslizándome por el  largo pasillo de casa cantando y bailando rock&roll. La costumbre duró algunos meses. La canción se quedó.


2) Neil Young -Alabama
 "Harvest" de Neil Young es uno de los mejores discos de la Historia de la Música. Podría haber escogido cualquier canción, pero tengo predilección por esta.


3) Silvio Rodriguez- Ojalá
Una canción que ha conseguido ponerme la piel de gallina durante mucho tiempo. La letra es poesía pura.

4)The Animals - House of the Rising Sun
Una preciosidad. Empieza bien y acaba mejor.

5) Quique González- Se nos iba la vida
Un día, hace varios años, se cruzó en mi camino un chico que me descubrió las canciones de Quique por primera vez. Luego éste chico se fue (nada es para siempre) y yo empecé a  escuchar compulsivamente las canciones del Gran Quique González. Muchas amigas se contagiaron y juntas le vimos en directo una y mil veces en Galileo y en Clamores, porque enonces todavía no llenaba el Palacio de Congresos. Es muy dificil escoger sólo una canción suya, pero ésta es de esas que no me canso de escuchar.

6) Leonard Cohen - Chelsea Hotel nº2
Casi nunca una canción me ha hecho llorar. Esta sí. Tal vez porque, junto a la canción numero 7 de esta lista y alguna otra de Leo Ferré o Camarón, me recuerda a mi padre; él fue quién me enseñó las maravillosas canciones de Leonard Cohen, tan poeta como músico. Y, además, esta canción, para quien no lo sepa, es un homenaje a Janis Joplin, a quien con mucha pena he tenido que quitar de esta lista porque no cabía. Definitivamente, una de las importantes. (otra advertencia: en el video, la canción empieza en el minuto 2:30, pero las palabras previas del señor Cohen son muy interesantes).

7) Janis Ian - At Seventeen

Una canción muy triste (estabais advertidos) pero muy bella. También descubierta entre los vinilos de mi casa, luego escuchada en CD (aquella época lejana en que compraba tantos libros como cedeses). Espero, en todo caso, que conserveís mejores recuerdos que Janis de vuestros 17, una edad difícil se mire por dónde se mire.

8)Antonio Vega-  El Sitio de mi recreo - No es sólo un homenaje porque se haya ido. Es más que eso. Y, aunque  de nuevo me cuesta elegir sólo una canción, ésta es la que con más frecuencia aparece, suena, y me emociona.

9) Damien Rice - The Professor and La fille danse

El año que estuve en Paris descubrí muchísima música. La voz de este irlandés me ha acompañado desde entonces, y aunque son muchas las canciones que merecerían estar aquí (Older Chests, The Blower's Daughter), esta se merece un trato de favor. Quizá sea por la mezcla de idiomas. O el cambio brusco a mitad de la canción.

10) Jose Gonzalez - Killing for Love
Por mi amor a todo lo sueco (ahí están Mankell y Larsson, y grupos maravillosos aunque desconocidos como Hello Saferide), este último puesto es para Jose Gonzalez (el apellido le delata, es medio sueco medio español). Afirmo sin miedo a equivocarme que su disco, "In our Nature" (2007) es uno de los imprescindibles de la década. 


11) (Canción después de los aplausos) Bright Eyes - First Day of my life
Premio para los que todavía siguen leyendo sin haber caido en una depresión profunda. Esta canción es toda una declaración de intenciones, optimista y preciosa. Una canción por todos esos días en los que sentimos que vamos a conseguir hacer lo que queramos, enamorar a quien nos enamora, disfutar de cada cosa que nos pasa. Sí, me he pasado de sentimental....espero que el video os guste.


9/5/10

Te espero en los conciertos

La piel de gallina. Metros de distancia desde el escenario hasta esta butaca. Entonces suenan unos acordes repasados miles de veces, una guitarra rasgada y una voz. Es como estar en todos lugares y en ninguno; al borde de las lágrimas sin sentido; en los márgenes de todas las páginas que te quedan por escribir.

Los años, los discos y los besos pasan volando sin que pueda atraparlos. Los recuerdos se enredan mientras en voz baja canto esa canción que siempre despierta los fantasmas y los sueños.

Alrededor, dos caras amigas y tantas otras invisibles. Pero todas esas pupilas comparten algo. Esa alegría efímera que dentro de unos minutos empezará a gotear por las paredes de este edificio abarrotado. Comparten la ilusión y el pasado.

Vuelvo a casa con la huella de un par de canciones infinitas. Pero algo ha cambiado.

No todos los viajes al pasado son buenos. A veces recuerdas más de lo que puedes soportar. A veces ciertas canciones encienden deseos que parecían apagados. Ni siquiera la lluvia insistente después de medianoche borra algunos miedos.

La mañana después hay dos opciones: caminar por las aristas de la melancolía o quizás....quizás me decida a ser valiente.



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Palabras después del concierto de Quique Gónzalez en el Palacio de Congresos (7/05/2010)

20/3/10

El concierto

El concierto es la historia de un músico condenado al olvido que quiere recuperar el prestigio, la batuta y los aplausos. Andrei Filipov, “el Maestro” obsesionado con Tchaikovsky, es expulsado del Teatro Bolshoi por su amistad con varios músicos judíos. Varias décadas después, sigue repasando partituras en su cabeza mientras limpia las butacas del Teatro en el que, una vez, ordenó melodías.

Un día, mientras está sacando brillo al escritorio del jefe de la música en Moscú, cae en sus manos un fax del Teatro Chatelêt invitando a la orquesta del Bolshoi a tocar en la ciudad de la luz. Entonces, Andrei Filipov urde un plan tan emocionante como descabellado para reunir a su antigua orquesta y viajar a Paris. Intentando recuperar su prestigio y su honor, el director de orquesta y su amigo violonchelista Sacha, subidos en ambulancia (vehículo de trabajo de este último) se lanzan a la tarea de encontrar músicos e instrumentos.

Entre un Moscú que huele a comunismo podrido y sobredosis de ironía y un Paris de grandes lujos y monumentos, van pasando los minutos sin que apenas te des cuenta. Puede que algunos acusen a esta película de excederse en los tópicos o incluso naufragar en la inverosimilitud, pero yo creo que el género de la comedia permite a los directores ciertas licencias. Y, en este caso, el director,  Radu Mihaileanu consigue que el público se ría. No hay mayor placer en el cine que descubrir, al girar la cabeza en la oscuridad de la sala, un montón de caras que sonríen.


Que más da que los rusos no sean tan escandalosos, mafiosos o jetas como los pintan. Que más da que los franceses tampoco sean en realidad tan cursis, contenidos o alelados. El caso es que entre los personajes de esta película (tanto protagonistas como secundarios), y el espectador, se establece una relación de complicidad  que es la mejor virtud de esta película. El gitano virtuoso, el agente que es un nostálgico del comunismo, el amigo sensato y tierno, el músico que quiere hacer negocio vendiendo caviar en Paris.....son pequeñas ventanas por las que entra a raudales la luz, pequeños retratos que mejoran el cuadro completo.

Quizá para mí la única pega de esta película es que, a fuerza de insistir en la comedia, la dramática historia que protagoniza la violinista francesa (no desvelo más) parece menos creíble y eso hace que se desvanezca un poco esa lección histórica sobre las dictaduras soviéticas que el director también quiere contar.

A pesar de ello esta película es una historia emocionante y divertida. La escena final, el concierto para violín y orquesta de Tchaikovsky, son, probablemente, los mejores doce minutos que he visto en el cine en mucho tiempo. Doce maravillosos minutos en los que la música te pone la piel de gallina y las miradas entre los personajes transmiten un amor por la música que atraviesa cualquier pantalla de cine. Suena, más o menos, así, aunque en el cine, suena mucho mejor.

21/2/10

"Más que a nadie" versus "Te Quiero"

"Mas que a nadie" es la versión de Serrat del poema "Te Quiero" de Luis Cernuda

¿Convierte Joan Manuel Serrat el poema de Luis Cernuda en un producto cultural de masas? En primer lugar hay que precisar qué se entiende por cultura de masas. Ésta es un producto de la sociedad de consumo del mundo occidental. Con la llegada de la televisión al panorama de los medios de comunicación, aparece un modelo de cultura pensada para grandes audiencias, formada por productos de difusión masiva. Esta cultura de masas fabrica a gran escala ideas, sueños y arte que puedan ser consumidos por igual por cualquier ciudadano.

Creo que concebir la versión de Serrat del poema de Luis Cernuda como un ejemplo de producto cultural estandarizado es errar, por varios motivos.

Aquellos autores (como Horkheimer o Theodor Adorno) que alertan sobre los peligros de la expansión de la cultura de masas en la sociedad sostienen que ésta provoca la desaparición de toda separación entre la alta cultura y la baja cultura, generando un conjunto limitado de productos culturales (libros, películas, música) comerciales, prácticamente idénticos entre sí y exentos de todo genio, creatividad o verdadero arte.

Pero ¿acaso es defendible una distinción tajante entre alta y baja cultura?; ¿existe únicamente una cultura elitista, hermética e incomprensible, que sólo despierte admiración y respeto; y otra cultura de segunda categoría, visible para todos y por ende, más fácilmente criticable? Mi respuesta es no. Creo que también es posible un panorama cultural en el que convivan los versos del poeta con la voz del cantante, siendo ambos disfrutados y admirados.

Evidentemente estamos ante dos textos bien diferentes. Las imágenes del poema de Cernuda son más difíciles, acaso más extremas, para que puedan ser valoradas o comprendidas por el público en general. La estructura libre del poema se transforma en la canción en una estructura con rima asonante, adquiriendo el texto una melodía más evidente. Serrat selecciona una pequeña parte del poema, transmitiendo un único mensaje: la hipérbole del amor. En cambio Cernuda plasma en sus versos ( “quiero decírtelo con la muerte / quiero decírtelo con el olvido”), un sentimiento trágico.

Pero esas diferencias no ponen de manifiesto una contraposición entre el verdadero arte y el producto de consumo. Existen diferentes formas de acercarse al arte y, aunque es cierto que el poema de Cernuda parece, a primera vista, más impenetrable, la belleza de sus versos es universal y puede ser percibida por cualquiera, independientemente de los conocimientos en literatura del que se acerque a ese poema. Y, aunque así no fuera, la versión que Serrat hace de este poema puede ser entendida - no hay obstáculo para ello- como un homenaje al poeta y un intento de acercar ese arte al gran público, apareciendo así la música como un nuevo canal para conocer al poeta.

Evidentemente, no hay que confundir esta posibilidad de conocer al poeta a través de la música con un verdadero conocimiento de su obra: ésta es mucho más amplia y rica que un puñado de versos. Pero esa riqueza, ese arte, no queda desprestigiado ni vulgarizado por la aparición de la canción de Serrat. Al final, el verdadero acercamiento del público al arte no depende solo de una inocente apropiación entre diferentes artistas sino también de la voluntad de ese público, que es una suma de individuos con libertad para aventurarse por el amplísimo bosque –o más bien selva- de escritores, músicos y artistas. Ese espectador o lector debe aprender a seleccionar, a buscar la belleza entre la multitud.

A continuación, el poema y la canción:

"Te quiero", Luis Cernuda

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;


Te lo he dicho con las plantas, 
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

Joan Manuel Serrat "Mas que a nadie"

(fuente: Youtube)