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4/9/13

Este verano he aprendido


A conducir una bici en línea recta 
A descorchar botellas de champán en medio del campo.
A correr sin perder el aliento.
A quererte desde el primer párpado abierto.
A tocarte por dentro.
A saltar de concierto en concierto
A disimular mis manías –esto es bueno-
A callar los reproches –no tanto, esto-
A emocionarme cuando suena la orquesta.
A escribir antes de medianoche
A interpretar silencios.
A imaginar perfectos.



Que las niñas bonitas sí pagan dinero, lo dijo el banquero.
Que la edad se mide en los segundos y metros que separan las pisadas.
Que en Menorca la pomada lleva ginebra y limón.
Que en Berlín hay gente que vive en los parques y en las nubes.
Que en Portugal al presunto (ladrón) se lo comen. Ojalá...
Que amar es paciencia, concentración y disciplina. Y reír, aunque no te apetezca.
Que la soledad es más aterradora que la muerte.
Que todos los caminos llevan a broma. (Perdonad).
Que la máxima especialización es la mínima garantía.
Que no es lo mismo creer que tener fe.
Que el orden de tus besos me altera.
Que el mejor lugar para hacer el amor es cualquiera.
Que la mejor música para hacer el amor es ninguna.
Que todo el mundo desconfía pero nadie pregunta. 
Que la indiferencia es, a la vez, antídoto y veneno.
Que ahora que la economía va despacio, vamos a contar mentiras.
Que el barco naufraga y no basta con nadar si nadie ha visto tierra
Que, a pesar de todo, hay que vivir más y pensar menos. 

9/5/10

Te espero en los conciertos

La piel de gallina. Metros de distancia desde el escenario hasta esta butaca. Entonces suenan unos acordes repasados miles de veces, una guitarra rasgada y una voz. Es como estar en todos lugares y en ninguno; al borde de las lágrimas sin sentido; en los márgenes de todas las páginas que te quedan por escribir.

Los años, los discos y los besos pasan volando sin que pueda atraparlos. Los recuerdos se enredan mientras en voz baja canto esa canción que siempre despierta los fantasmas y los sueños.

Alrededor, dos caras amigas y tantas otras invisibles. Pero todas esas pupilas comparten algo. Esa alegría efímera que dentro de unos minutos empezará a gotear por las paredes de este edificio abarrotado. Comparten la ilusión y el pasado.

Vuelvo a casa con la huella de un par de canciones infinitas. Pero algo ha cambiado.

No todos los viajes al pasado son buenos. A veces recuerdas más de lo que puedes soportar. A veces ciertas canciones encienden deseos que parecían apagados. Ni siquiera la lluvia insistente después de medianoche borra algunos miedos.

La mañana después hay dos opciones: caminar por las aristas de la melancolía o quizás....quizás me decida a ser valiente.



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Palabras después del concierto de Quique Gónzalez en el Palacio de Congresos (7/05/2010)